El fantasma de Trump
La encerrona a Zelenski en la Casa Blanca es una de las escenas de política internacional más esperpénticas que he contemplado en mi vida. Muerta la diplomacia, un pendenciero y vulgar presidente de Estados Unidos organizó un show televisivo al más puro estilo barriobajero. Amenazó en público a alguien que sufre una guerra, con decenas de miles de muertos, desde hace tres años por la cara. De Putin. Y, en el fondo, simplemente por poder y dinero (y unos minerales valiosos que hay por Ucrania).
Trump no es tan estúpido como se quiere hacer ver frecuentemente en numerosos foros, pero tampoco es oro todo lo que reluce. Detrás de sus amenazas y medidas desestabilizadoras de la economía y el comercio mundiales, de sus habituales bravuconadas, comienzan a crecer las críticas internas en su país. De entrada, la economía americana (su gran baza electoral) registra signos inquietantes: suben los precios, la inflación, cae la bolsa, sus exportaciones también serán sometidas a más tasas aduaneras, han caído las contrataciones en el país en febrero…
Los nuevos aranceles a los productos agrícolas que ha anunciado con México, Canadá y China (anteriormente con Europa) están siendo contestados igualmente desde estos países, lo que repercutirá también en el bolsillo de muchos de sus millones de simpatizantes y votantes. La economía global no entiende de ideologías, los atentados deliberados a su frágil equilibrio beneficia a unos (los adinerados y los listos de siempre) y perjudica a otros (la gente corriente).
La popularidad de Trump está empezando a caer en su propio país, según las encuestas de opinión a las que tan aficionados son los norteamericanos. Por ahí he leído que seis de cada diez de sus compatriotas están en contra de los aranceles y que sólo el cincuenta por ciento del electorado le es fiel en estos momentos, cuando hace un mes superaba ampliamente estos datos. Es muy probable que todo esto e traiga al pairo, de momento. Veremos cómo evolucionan los acontecimientos. Los datos del último mes reflejan que está perdiendo adeptos entre sus incondicionales porque su comportamiento hostil con vecinos y aliados tradicionales está causando cierta confusión en un país que tradicionalmente se preocupa más por lo de casa que por lo de fuera.
La corriente de opinión antinorteamericana en numerosos países es un hecho. En el norte europeo, por ejemplo, ya se boicotean los productos made in USA. Cada día son más las personalidades de prestigio y los famosos que le dedican a Trump en sus redes sociales todo tipo de críticas e improperios, aunque a su edad está de vuelta de fama, que jamás de ego y dinero, como buen millonario aficionado a verse el careto en televisión. Pero cuidado, la historia nos demuestra que a algunos fantasmas conocidos les ha devorado su propio personaje.
Trump ha anunciado un nuevo castigo a Zelenski. Suspende la ayuda militar y económica a Ucrania para forzarle a firmar (tragar) la paz que ha ideado su privilegiada mente, en connivencia con Putin. Mientras amenaza con la boca pequeña en sacar a su país de la OTAN, la Unión Europea avisa de que serán necesarios 800.000 millones de euros para rearmar la defensa del viejo continente frente al nuevo orden mundial que pretenden establecer norteamericanos y rusos, con los chinos frotándose las manos.
La referida escena en la Casa Blanca tuvo al vicepresidente Vance como artífice necesario, un tanto macarra y cutre por mucha corbata y traje que vistiera. Trump se dirigió a su homónimo ucraniano señalándolo chulescamente con el dedo y éste le echó un par, jugando fuera de casa, a la hora de aguantar el tipo delante de las cámaras. Estaba todo guionizado para humillarlo, pero salió respondón Zelenski, que se ha ganado aún más todo mi respeto. El presidente ucraniano es consciente de que sin el apoyo USA está casi perdido porque Europa sigue sin arrancar. Lo expreso con rotunda claridad, en esta guerra estoy con los ucranianos.