Menudo Panorama

Menudo Panorama

Por Pedro Santa Brígida

Lloviendo, que es gerundio


La política, la propia y la de lejos, resulta a diario un tanto cansina. Repetitiva. Cada día apunto a más amigos y conocidos a esa tendencia de ni leer periódicos, ni escuchar o ver noticias. Para qué, se pregunta una amiga, cansada del abuso mediático de los contenidos que relatan la vida pública local, nacional o internacional, tan polarizada, tan poco edificante demasiado a menudo.

Cierto es que para estar medianamente informado, no manipulado, hoy en día la realidad exige recoger la cosecha informativa de medios de comunicación diversos para comparar y analizar la forma en la que contamos (y nos cuentan) la actualidad política los periodistas de turno. Salvo que militemos en esa mayoría de gentes que sólo quiere recibir la actualidad a su medida, en su ideología preconcebida. No digamos ya quienes se ¿informan? en las redes sociales a través de bots dirigidos o de sus influenciadores de cabecera. Tienen todo el derecho del mundo a buscar una realidad tamizada por el color del cristal con el que les gusta contemplar el mundo, aunque eso resulte ser la antifórmula de conocer de verdad lo qué está pasando por ahí.

Así pues, esta semana no hablaré de política, en su lugar me referiré a la terrenal lluvia que nos acompaña hace un montón de días. Está cayendo agua como si no hubiera mañana. Hacía tiempo que los litros por metro cuadrado no registraban tales cifras en determinados rincones de la península ibérica. Las trombas se han repartido de tal manera que casi han desaparecido las alertas de sequía que se registraban desde hace años en algunos territorios y cuencas fluviales.

Al parecer, según los expertos, cae agua sin tregua en España porque hay un anticiclón situado en el Atlántico más al norte de lo de costumbre, que es tozudo y que no ha querido moverse, cambiando el habitual recorrido de las borrascas de la época y generando así una serie de fenómenos atmosféricos que suceden en períodos secuenciales. El resultado es que se están llenando pantanos y embalses por toda la geografía nacional. Caprichos del tiempo, que todavía no domina la mano del hombre (o de la mujer).

Aunque nunca llueve a gusto de todos, bienvenida sea el agua acumulada en los pantanos, no así en las zonas que han sido anegadas por las riadas, causando daños y perjuicios, como suele ser habitual en estos casos, a agricultores, ganaderos y otros pequeños autónomos del medio rural. Dicen en la AEMET oficialmente que las reservas de agua no alcanzaban los generalizados niveles actuales desde el pasado siglo, particularmente en el este patrio. Curiosamente, donde menos ha llovido en las ultimas semanas ha sido en el Cantábrico, una de las áreas peninsulares con menores problemas habituales debido a la escasez de agua.

Por si no fuera suficiente, este invierno ha nevado algo, sin excesos pero lo necesario, así pues estamos en año de bienes que diría el refranero popular. Vistas las tendencias climáticas de los últimos años, es mejor no tirar cohetes porque los excesos meteorológicos pueden aparecer en cualquier momento. Aunque en los tiempos que corren la tecnología ha hecho posible que las previsiones nos anuncien la que va o no a caer, después nuestros dirigentes no son capaces de gestionar adecuadamente dicha información (véase como ejemplo la Dana de Valencia).

En esta sociedad de ciertas abundancias en la que vivimos los países desarrollados, las limitaciones en el uso del agua corriente a las que hay que recurrir de cuando en cuando (en unas regiones más que en otras y en unas cuantas raramente) es uno de esos problemas que los que mandan han sido incapaces de resolver. Hace un año en Cataluña, la costa levantina, Murcia y Andalucía estaban con el agua al cuello (nunca peor dicho) por carencia extrema de la misma. Y hoy el exceso de torrentes se pierde sin fórmula alguna de acumularla para cuando no haya. La echaremos de menos. Al tiempo.